El mundo se enfrenta ante la peor crisis desde la II Guerra Mundial, según el secretario general de la ONU, António Guterres, El COVID-19 ha dado un golpe en la mesa y ha venido a exigir cambios totalmente radicales en los procesos económicos de muchísimas organizaciones, y por otro lado, acelerar algunos que ya se estaban llevando a cabo. Actualmente, los esfuerzos de Seguridad y Salud Ocupacional (SSO) en la mayoría de empresas del mundo están totalmente enfocados en protocolos de prevención, bioseguridad y elaboración de planes de emergencia en contra del virus. Esos estrategas llamados prevencionistas, día y noche analizan y planean las mejores formas para evitar que en caso que el virus entre a su lugar de trabajo, éste no se vaya a propagar, sin embargo, es pertinente hacerse la pregunta:

¿Qué pasó con el panorama general de riesgos laborales que ya existían antes de la pandemia?

Ciertamente un accidente laboral nunca actúa de manera empática, ya que éste, aunque exista una pandemia que amenaza a nuestro entorno y equipo de trabajo, no va a dejar de suceder solamente porque la empresa tiene otros asuntos “más importantes que atender” y lo ha demostrado durante muchísimos años (Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 2,78 millones de trabajadores mueren cada año a causa de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales), por lo tanto, en estos tiempos en donde la psique de los trabajadores se puede ver alterada por el acontecer mundial, es cuando se deben redoblar esfuerzos de capacitación y entrenamiento ante cualquier emergencia o situación de peligro que se de en el entorno laboral.

La incursión de la tecnología en muchos procesos organizacionales se ha visto catalizada por la pandemia, ya que el nuevo mundo al que nos estamos enfrentando conlleva una exigencia muy alta en cuanto a temas de formación en SSO, dado que las capacitaciones ahora no solo deben ser efectivas, si no también, más eficientes en la concientización de los riesgos, más dinámicas en la práctica de cumplimiento de normas y de alto impacto en la reducción de indicadores de accidentabilidad. Básicamente esto se refiere a “Aprender más y mejor, en menos tiempo” y la Realidad Virtual (RV) es una excelente herramienta para dar cumplimiento a estos nuevos retos, debido a que esta herramienta ha demostrado tener un gran impacto en procesos de formación y aprendizaje en la formación de combate de incendios, trabajo en alturas, trabajos eléctricos, etc, dado que incide directamente en el índice de retención del conocimiento, es decir, de la cantidad de información que nosotros logramos guardar posterior al aprendizaje, esto se da gracias a que la RV crea una simulación generada mediante tecnología 3D, al cual el usuario se siente inmerso en ella, por lo tanto, genera una sensación muy realista del entorno y esto se puede aprovechar para “Aprender haciendo” cualquier tipo de labor, tal y como lo demuestra un estudio realizado por Bloxham y Wileman publicado en el Journal of Virtual Studies en 2017, en donde alumnos que experimentaron una educación práctica utilizando la realidad aumentada incrementaron sus índices de retención del conocimiento en un promedio de 15% en temas de matemáticas, mecánica e ingeniería.

Otra de las ventajas de esta tecnología es que,  lo que es muy peligroso en la el ejercicio práctico de la realidad, no lo es en el mundo de la simulación  virtual, por lo que se pueden practicar situaciones de valoración de riesgos para el colaborador sin exponerlo a las consecuencias de una mala decisión, asegurando el aprendizaje y desarrollando nuevos hábitos de trabajo seguro.

Finalmente, la realidad virtual se caracteriza también por constituir una reducción de costos en el horizonte de tiempo, dado que los recursos físicos a los que una compañía debía recurrir para realizar un entrenamiento en seguridad, pueden verse reemplazados por un recurso virtual que siempre está a la disposición. Será tarea de aquellos valientes administradores de riesgos ocupacionales, los que deban dar el paso al frente y buscar reinventar su gestión poder acoplarse al nuevo mundo.

Paolo Quiñónez