Quiero comenzar con esta frase: La ignorancia mata a los pueblos, por eso es preciso matar a la ignorancia. (José Martí).

Las empresas, familias y personas particulares al iniciar cada año, generalmente lo iniciamos con mucho positivismo y buena actitud, esperando un desarrollo del mismo lleno de muchas cosas buenas, sin embargo vemos como ante la pandemia que atravesamos del COVID-19, las prioridades cambiaron radicalmente en el primer trimestre del año 2020, pasando a ser la salud y prevención la prioridad número uno en la lista de toda la población.

Sin embargo en esta pandemia que se generaliza de forma rápida y descontrolada en todo el mundo sin excepción alguna, de raza, sexo, edad o condición económica, vemos dos fenómenos que se están notando constantemente en la mayoría de personas en todos los países del mundo, y nuestro país El Salvador no es la excepción.

Una es la información falsa, otra es el ignorar la gran importancia de los equipos de protección personal y la indiferencia al buen y correcto uso de los mismos.

Es preocupante poder ver profesionales de la salud y encargados de la seguridad opinando y dando consejos sobre esta emergencia sin bases y fundamentos, carentes de respaldo tecnico y científico. En esta era moderna donde las redes sociales son un instrumento valioso de comunicación, los contenidos pueden ser erróneos y muchas veces adoptados por la mayoría de la población ansiosa por un consejo o instrucción de que hacer y cómo protegerse.

Quiero hacer referencia a una situación en particular, la cual me llamo mucho la atención y quiero compartirla. En esta emergencia se habla de cómo protegerse, si con un tapaboca de tela, una mascarilla quirúrgica o un respirador N95 avalado por NIOSH. O si es o no necesario portar una mascarilla.

La función de un respirador o mascarilla es brindar una barrera de protección frente a las salpicaduras de saliva, o goticulas provenientes de la nariz, cuando se produzca un estornudo por parte de una persona con el virus, o viceversa en el caso de que la persona contagiada sea el usuario.

Por lo tanto lo recomendable y más seguro es utilizar un respirador N95 con capas cargadas electroestáticamente para soportar salpicaduras y material particulado que pueden encontrase en el ambiente.

Como segunda alternativa encontramos la mascarilla quirúrgica, la cual está avalada por la FDA para procesos alimenticios y quirúrgicos. Siendo su principal uso el de proteger al ambiente externo de nuestros fluidos corporales, teniendo una corta duración de uso  y debilidades ante la protección externa, por su bajo sello facial.

En este punto quiero recalcar una información importante, ya que he visto a muchas personas utilizar una mascarilla quirúrgica de forma errónea, con el lado azul o verde según sea el caso (hacia adentro), en contacto directo al rostro. Estas mascarillas tienen tres capas, el externo es una mezcla de polipropileno y microfibras sintéticas ,brinda una protección limitada a la salpicadura de líquidos (saliva o sangre), y el lado interno que es de menor densidad y está elaborada de microfibras, lo cual brinda una mayor absorción a los fluidos como saliva y goticulas nasales en el caso de tenerlas.

Por lo tanto, lo correcto es utilizarla con el lado azul o verde por fuera.

La prevención es la base para combatir la pandemia COVID-19, llevar con éxito una protección adecuada para ti y tu familia requiere compromiso y responsabilidad.

Oscar Gálvez

Consultor Senior